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Proyección social y adolescencia

Una vez compartía entre varios profesionales de la educación y uno de ellos se dejó decir que los profesores que enseñábamos en la educación secundaria teníamos la tarea más difícil de todo el sistema educativo. Basaba su opinión en la máxima: “para aprender hay que querer”, entonces, concluía, mientras que los niños de Primaria quieren estar en la escuela y aprender, y los universitarios quieren estar en la Universidad y atienden cada clase con atención sabiendo que será fundamental en su labor profesional, los estudiantes de secundaria, en cambio, como fruto de la adolescencia, ni quieren estar en clases ni quieren aprender.

Curiosamente, todas las personas que escuchaban asentían como si fuera una verdad comprobada e irrefutable. Sin embargo, me parece un comentario totalmente injusto, prejuicioso y muy alejado de la realidad; además que denota un desconocimiento total de la maravillosa etapa de la adolescencia.

Programa de “Desarrollo Armónico e Integral de la Persona”

Una de las bendiciones de trabajar en Yorkín School donde la formación de los docentes es fundamental en el proceso educativo (la mayoría de los profesores tienen una Maestría en “Asesoramiento Educativo y Familiar” y en la actualidad todo el personal está cursando el Programa de “Desarrollo Armónico e Integral de la Persona” de parte de expertos españoles), vemos con ilusión cada una de las etapas de nuestros estudiantes y tenemos los instrumentos necesarios para que, junto con los padres y los alumnos, saquemos provecho de cada uno de los rasgos propios de cada edad.

La etapa de la adolescencia no es fácil, pero es a la vez maravillosa. Una de las características propias de los adolescentes es su facilidad para encontrar empatía con la necesidad y el dolor ajeno. En la historia del mundo son innumerables los eventos en donde los jóvenes han tomado la iniciativa ante las injusticias cometidas contra los menos favorecidos, quizás muchas veces de forma violenta y desproporcionada, pero eso debido a la falta de orientación y formación (y ejemplo), de los adultos.

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Por eso debemos proponerles espacios para que puedan proyectarse socialmente y para esto es esencial el contacto. No basta con decirles que hay personas necesitadas; ni contar historias y ver videos; ni enseñar fotografías o navegar por YouTube. Eso no es suficiente porque el adolescente necesita del contacto, necesita experimentar, dolerse con el otro, sufrir con el otro, sentirse el otro.

Si no promovemos este contacto lo más que lograremos de ellos son iniciativas para recolectar alimentos o buscar donaciones para entregar a la Teletón o a una institución de caridad. Eso es bueno, pero la idea es potenciar al máximo, lograr que den todo lo que su humanidad les permita. Más que dar, la idea es que aprendan a darse. Y para eso debemos colocarlos uno frente al otro, cara a cara, viéndose, hablándose, tratándose. Cuando logramos eso, vemos de lo que es capaz de hacer un adolescente por otro.

Esto lo tenemos muy claro en Yorkín School y los resultados han sido increíbles. Me vienen a la memoria anécdotas de estudiantes de diferentes generaciones…

Anécdotas de estudiantes adolescentes

Gerardo, estudiante brillante que llegó a ser el profesor más joven de Harvard, que decide ayudar a un niño con necesidades especiales y lo visitaba cada semana para ayudarle…

El grupo de estudiantes de 8° año que visitan una escuela en Nicoya, cambian su reacción adversa ante la ausencia de los recursos básicos mínimos, en el momento que los estudiantes de esa escuela, algunos sin zapatos y con uniformes reusados, les presentan comida y hasta unos bailes típicos. Después del partido de futbol ya eran un solo equipo. Fueron dos veces más: la última, con el dinero suficiente para colocar el cielo raso y evitar así el insoportable calor durante las lecciones.

El estudiante que ayuda a un anciano a escribir su nombre porque siempre lo quiso aprender; o el que acompaña a otro anciano a jugar ajedrez pues su compañero de partida acababa de morir y se siente solo; el grupo de estudiantes que viajan a Ometepe, Nicaragua, para pintar la escuela y jugar con los niños del lugar…

O el momento en que todo el grupo de 3° inventa un nuevo juego en el corredor donde cada jugador debe estar en el suelo sin usar las piernas y al balón solo se puede pegar con las manos, para que Javi, un compañero en silla de ruedas, pudiera jugar en las mismas condiciones.

Son muchas las historias…son muchas las enseñanzas. Quizás por eso no nos debe extrañar ver a nuestros estudiantes mayores ayudando a los pequeños de primer grado cuando tratan de llevar el bulto por las escaleras o cuando intentan limpiar la comida que se les ha caído en el comedor.

Con este tipo de proyección social, estamos descubriendo a nuestros estudiantes el secreto de la felicidad que consiste en saber amar al otro.

Carlos Avendaño

Máster en Asesoramiento Educativo y Familiar

Sub Director

Yorkín School

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