En una época marcada por las prisas, las reuniones interminables y los calendarios saturados, detenerse a hablar sobre el amor conyugal puede parecer casi imposible. Sin embargo, como bien lo recuerda Edgardo Piedra, director del Colegio Yorkín, esposo, padre y doctor en Educación por la Universidad Internacional de Cataluña, es precisamente en medio de las ocupaciones donde más debemos volver a lo esencial: al amor que dio origen a la familia.
En el episodio del podcast Formando el Futuro, Piedra conversó sobre el tema “Amor conyugal en tiempos de agendas llenas”, compartiendo una excelente reflexión sobre la relación entre la vida matrimonial y la educación de los hijos.
El matrimonio: base de la familia y de la sociedad
Para Edgardo Piedra, el matrimonio no es solo una institución, sino la base sobre la cual se construye toda la familia y, por extensión, la sociedad.
“Siempre se nos ha dicho que la base de la sociedad es la familia, y eso es cierto. Pero la base de la familia es el matrimonio, el amor conyugal, la capacidad de ser un verdadero equipo entre esposo y esposa.”
Uno de los desafíos más comunes que enfrentan las parejas actuales es el desequilibrio entre la vida laboral y familiar. Según Piedra, muchas veces se cae en la trampa de creer que el éxito profesional justifica el sacrificio de la vida conyugal.
Las agendas saturadas y la constante conexión al teléfono o a las redes pueden alejarnos de quienes más amamos. Por eso, Piedra invita a los matrimonios a revisar sus prioridades y objetivos de vida: si el propósito es ser felices en familia, las decisiones cotidianas deben reflejarlo. No basta con saberlo intelectualmente; hay que actuar en consecuencia, reservar tiempo, conversar, desconectarse del trabajo y reconectarse con la pareja.
Las señales de alerta
¿Cómo saber si una relación está perdiendo su rumbo?
Piedra menciona un indicador muy claro:“Un matrimonio que dejó de ver fotos y dejó de tener proyectos necesita detenerse y reenfocarse.”
Recordar con cariño el pasado los viajes, los logros, los momentos compartidos y tener ilusión por proyectos futuros son signos de vitalidad conyugal. Cuando eso se apaga, es momento de reavivar los detalles: una conversación, un gesto, un plan en pareja.
Cuidar el amor no requiere grandes gestos, sino constancia. Como dice Piedra, el amor se alimenta día a día, con detalles que parecen pequeños pero que sostienen el vínculo.
“Si en un matrimonio ambos están pensando constantemente en cómo hacer feliz al otro, esa relación florece. Es como cuidar una planta: requiere atención, tiempo y cariño.”
También recuerda que muchas crisis nacen de cosas simples: costumbres distintas, malentendidos o pequeñas manías. Aprender a ceder y relativizar ayuda a mantener la armonía: “Unos zapatos fuera del clóset no pueden destruir un matrimonio”, señala.
Cuando los hijos observan
Como educador, Piedra ha visto cómo los conflictos conyugales impactan directamente en los estudiantes.“Los hijos siempre nos observan. Todo educa o deseduca. Y cuando hay conflictos constantes en casa, eso se refleja en la conducta y el rendimiento académico.”
Por eso, insiste en la prevención: fortalecer el matrimonio es también una forma de educar y proteger a los hijos.
Tres claves para cuidar el amor conyugal
Al finalizar, Piedra resume en tres ideas los pilares de un matrimonio sólido:
- El amor es un acto de la voluntad, no solo del sentimiento.
“Debemos entender que amar es una decisión cotidiana, iluminada por la inteligencia.”
- La relación conyugal es la empresa más importante.
“Cuidarla requiere tiempo, comunicación y actos concretos, igual que cualquier proyecto valioso.”
- Nunca dejar de hablar ni de soñar juntos.
“Las conversaciones sinceras, incluso las incómodas, son necesarias. Y los proyectos compartidos mantienen viva la ilusión.”
